jueves, 5 de abril de 2018

Violencia simbólica en la vida escolar

Los problemas de violencia y las intervenciones que se realizan en la escuela para abordarlos
La autora propone una reflexión sobre las violencias naturalizadas en los dispositivos educativos a partir de una experiencia de investigación-acción en una escuela pública de nivel medio en la provincia de Buenos Aires.


A partir de una experiencia de investigación-acción en una escuela pública de nivel medio en la provincia de Buenos Aires, este artículo busca compartir algunas visiones sobre problemas de violencia e intervenciones que se realizan en la escuela para abordarlos. Una serie de experiencias consiguió un análisis “in-situ” a partir de las perspectivas y posicionamientos de diversos agentes educativos –docentes, directivos, integrantes de equipo de orientación escolar y personal auxiliar–, que dan cuenta de ciertas variables contextuales, útiles para reflexionar sobre la actividad escolar. Los resultados fueron articulados con indagaciones realizadas en otras escuelas del área metropolitana; pero aquí se comparten reflexiones en torno a una de las experiencias en particular. 

Currículum, orden disciplinario y poder 

A diferencia del supuesto que vincula la violencia y la hostilidad gestada en escuelas a la falta de vigilancia y aplicación de las normas, existe la visión de que las situaciones de violencia se presentan con mayor probabilidad cuando predominan formas disciplinarias rígidas y mecanismos fuertes de control. También, la existencia de currículums competitivos, prácticas individualizadoras, pedagogías basadas únicamente en el logro personal y la cristalización de agrupamientos estudiantiles basados en el “rendimiento”, serían algunas de las situaciones institucionales y pedagógicas que actúan en desmedro de formas no violentas de relación social. Al respecto, Eric Debarbieux (2012), menciona la importancia del efecto-establecimiento, que propone al ámbito de la institución y de los planteles de directivos, como el lugar donde se deciden las acciones más significativas, desestimando los determinantes estructurales y externos como única explicación del origen la violencia. El efecto-establecimiento actúa así como variable interviniente y explica un porcentaje importante de los fenómenos de violencia que acontecen entre alumnos, docentes y/o padres. Éste incluye también al tratamiento de los problemas organizativos, la comunicación entre alumnado, padres y personal escolar, y del personal entre sí y con sus directivos. Los ejemplos aquí no alcanzan, pero remiten elementos institucionales que generan efectos en las conductas, actitudes y vivencias de sus participantes. 
Estas ideas, propias de la corriente socioeducativa nacida en Francia en los años 70, insisten que existe una forma de violencia ejercida por el propio dispositivo escolar, definida a través de las disimetrías de poder, la arbitrariedad del currículum y el uso de clasificaciones que redundan en procesos de estigmatización en las prácticas escolares. Charlot (2002) distingue así a las violencias DE la escuela, para delimitar esas manifestaciones con una categoría común, y diferenciarlas de la Violencia EN la escuela y HACIA la escuela, muy estudiadas en nuestro contexto. Describe así un conjunto de prácticas como micro-penalidades, (que a veces incluyen humillaciones y exposiciones) en las prácticas que la escuela, como institución disciplinaria, ejerce sobre el alumnado.
Estos aportes trabajaron alrededor de nociones ligadas al concepto de violencia simbólica (Bourdieu, Passeron, 1977), para explicar la reproducción de lo instituido, generada en la invisibilización-naturalización producida en el discurso, en la percepción y en las acciones del proyecto escolar moderno, basadas en el disciplinamiento y gobierno de los sujetos estudiantiles. Violencia simbólica es aquella en la cual las víctimas desconocen la ilegitimidad de las asimetrías implicadas en una relación, la consienten como necesaria y no visibilizan la arbitrariedad del ejercicio del poder y la dominación violenta de los victimarios. La dimensión simbólica de las problemáticas de violencia implica a su vez una lucha simbólica para caracterizarlas, definirla y diferenciarla de la “no violencia”, y por ende, adjudicarla a ciertos individuos y grupos (Kaplan 2006). Por eso, importa indagar los sentidos del nombramiento de la misma en los espacios escolares, a través de las voces y perspectivas de los agentes educativos, incluyendo la importancia de lo que se omite o permanece silenciado. 

Las voces del trabajo escolar

Un dato llamativo es que en las voces de los distintos agentes educativos, la noción de violencia no fue relacionada con el dispositivo pedagógico, sino que éste, ante el contexto que caracterizaron, fue visto como un espacio de ayuda, contención e inclusión. Cabe señalar que “el afuera”, según informaron, es un entorno con condiciones muy precarias de vida, en el que existen peligros que los actores sociales enfrentan: “estamos en territorios confinados a la desocupación, al gatillo fácil, a la contaminación, al hambre, al paco y a la violencia”, señaló el vicedirector. En ese marco, los directivos resaltaron que las situaciones de violencia que enfrentan no suelen ser extremas o graves: “No veo grandes situaciones de violencia, no hay armas de fuego y eso que salís a la esquina y ves un montón”, mencionó la directora. También el vicedirector señaló: “Violencia en sí, no hay. Violencia física me refiero. Pero hay insultos, faltas de respeto, desobediencia. Afuera sí hay mucha violencia, pero en la escuela no”.
Esta significación también fue verbalizada durante una serie de talleres de “Reflexión sobre la Práctica” que coordiné y realicé junto a los docentes y otros agentes educativos de la escuela. Allí, algunos dijeron: “hay conflictos del barrio, del fútbol, y otros que se trasladan a la escuela”. “Cuando hay un problema de conducta siempre, siempre, hay un problema detrás de fondo”; “Ya vienen estigmatizados de la casa... Y del barrio, los amigos ya los tienen junados”. Así, lo nombrado y significando como “violencia” se asoció fundamentalmente a sufrimientos y victimizaciones sufridas por estudiantes, vinculados a factores sociales, económicos y culturales. En ese marco, “en comparación con el afuera, la escuela es un lugar seguro”, sostuvo una docente.
Acto seguido, al re-preguntarles por las situaciones que ocurren “dentro” la escuela, las situaciones señaladas como frecuentes por los participantes, refirieron más bien a incivilidades y micro-violencias (Debarbieux 2012) y no a violencias extremas, en contraste con lo que suelen graficar los medios masivos de comunicación: “siempre hay situaciones de peleas entre alguno, o con un docente (...) pero son situaciones manejables, donde la autoridad escolar tiene incidencia”, mencionó la directora. En ese contexto, los agentes identificaron conflictos en los confines de lo escolar, para los que se sienten preparados, pues cuentan con recursos y experiencia. Estos suelen ser más bien denominados como “problemas de convivencia” y se trata de “problemas comunes con soluciones conocidas”, tal como sostuvo una docente.
En ese marco, una de las indagaciones en las entrevistas y talleres se centró en la identificación, por parte de los agentes, de las acciones, procedimientos e intervenciones que se realizan ante los problemas de violencia que caracterizaron como tales. Una serie de informaciones permiten advertir que nombraron acciones referidas al “efecto establecimiento” para el tratamiento de los problemas, en la medida en que describieron programas y acciones educativas, entramadas con la convivencia escolar. Dijo el vicedirector: “Hay una realidad muy difícil, una forma aprendida de ganarse un lugar en el barrio, a través de la violencia (...) Pero se fueron logrando cambios con programas de inclusión, ampliando la oferta de la escuela, buscando ideas que los convoquen”. En ese punto, las voces de los agentes se centraron en la existencia de proyectos artísticos, talleres a contra turno y una serie de actividades que la escuela organiza a modo de “oferta alternativa”, en el sentido de su diferenciación con el formato tradicional de enseñanza. Estas acciones fueron significadas como espacios donde canalizar conflictos, emociones y desarrollar aptitudes para forjar otras forma de vida futura, distintas a la de los barrios y comunidades de origen.  Ideas coincidentes con su visión acerca la escuela como espacio para la inclusión y contención de los jóvenes.
Sin embargo, la información recabada cobró un giro interesante con el siguiente aporte de la directora: “Acá hubo que hacer algo mucho más profundo, un proceso de construcción de normas elementales. Acá no había ni actos, no se formaban filas para entrar al aula, no se izaba la bandera, no se cantaba el himno; ningún ritual. Hubo que construir todo eso (...) porque la escuela tiene que tener su identidad (...) o sea, institucionalizar la escuela para recién después des-institucionalizarla, sacar la escuela a la calle...  “Hacer escuela”, mostrar que acá hay ideas distintas a las de la calle”. 
Dicha historicidad fue visualizada como la construcción de una vida escolar que quedó en sus manos; pero hay algo más: la apuesta de ofrecer a los estudiantes una experiencia del orden de “lo común”, contra la re-producción de la idea de una educación “alternativa” para los sectores cuyas condiciones de vida están signadas por la pobreza y la precariedad, idea que suele insistir en el discurso psico-pedagógico de quienes hallan dificultades para la escolarización de los sectores no hegemónicos. Así, lo dicho da cuenta de un proceso de construcción de normas que excedió ampliamente la construcción de la normativa escrita, con indicios de construcción de legalidades en un sentido subjetivante, al decir de Silvia Bleichmar, que se evidencian en una de las frases mencionadas por el vicedirector: “porque sino parece que la norma la puse yo, o que a los docentes se nos antoja pedirles cosas, pero no, somos parte de un mismo país (...) Después eso irá tomando forma diferente en cada uno”. Y para ello se valieron de acciones que operaron sobre el propio dispositivo escolar, sobre su formato y su organización interna; idea que también contrasta con aquellas intervenciones que suelen centrarse únicamente en acciones sobre sujetos individuales, muy extendidas en la bibliografía psicoeducativa. 
Sin embargo, acerca de las formas de violencia DE la escuela (Charlot 2002), los agentes no identificaron posibles causas o factores vinculados a variables institucionales, como productoras y/o reproductoras de las situaciones. A su vez, se destaca la ausencia de verbalizaciones, sentidos y/o conceptos que refieran a formas específicas de violencia simbólica, que se vinculen con sus experiencias e intereses. Al contrario, al preguntarles en contexto de taller por el rol de la escuela ante los problemas de violencia, la cuestión más bien interpeló a la práctica concreta de los docentes, y no tanto al problema institucional. Los docentes, denunciaron sentirse “en el ojo de la tormenta” ya que se “se les exige todo”. Si bien lo ocurrido amerita un análisis más profundo, los agentes denunciaron presiones que los exceden respecto de su rol, en un contexto en el que el sistema educativo es el que debe soportar el peso de las expectativas y exigencias de toda una sociedad para la cual la educación es la última reserva. Ello se evidencia en los dichos producidos por una profesora, acerca de sentirse “la única oreja, el único apoyo”. Las condiciones en las que los docentes se desempeñan, sobreexigen las cargas en su tarea, tradicionalmente vinculada a la transmisión de conocimientos.
Por ello, acto seguido, en el taller re-pregunté: “entonces... ¿qué es lo que sí se puede hacer desde la especificidad docente, desde su rol?...”. A lo que un docente respondió: “Nuestra tarea es la enseñanza...”. A partir de allí se generó un debate en el que comenzaron a referir su quehacer pedagógico entramado con formas de respuestas a los problemas de violencia. En ello se destacan frases tales como “Trabajar lo vincular, ver que ante cada tarea estemos fomentando respecto y compañerismo”, “hacer actividades fuera del aula (...) barajar y dar de nuevo”; “El trato cotidiano contribuye el clima”. Así, aparecieron referencias al rol de lo estrictamente pedagógico ante los problemas señalados, aunque no se problematizaron causas y/o determinantes de las violencias, que continuaron ubicadas en el contexto extra-escolar. 

Reflexiones post-experiencia

Los elementos del sistema escolar-institucional permanecieron invisibilizados en la reflexión y problematización realizada acerca de las causas y orígenes de los problemas de violencia en la escuela. Así, entre los antecedentes más significativos de los problemas, los agentes solían mencionar acciones relativas al pasado del comportamiento disciplinar-escolar y/o civil de los estudiantes. Incluso, cuando se enunció la pregunta explícita acerca de cómo la escuela participa (o no) en la generación de esos problemas, las respuestas se personalizaron en lo que hacen o no hacen los docentes, sin ser remitidas al dispositivo pedagógico.
Al respecto, vale señalar que la violencia simbólica es la más difícil de identificar, debido a su invisibilidad y al desconocimiento de su ejercicio. La escasa referencias a esta dimensión de la violencia podría ser resultado de la interiorización y naturalización de las relaciones de poder desiguales que regulan las formas de transmisión de la cultura escolar. La naturalización de las situaciones habituales hace que las formas de violencia simbólica pospongan en mayor medida su adjetivación de violentas. Pero además, el presente análisis permite formular algunas hipótesis acerca de posibles procesos específicos que operan en la invisibilización de la misma: es probable que en determinadas condiciones institucionales y de trabajo, las situaciones vinculadas a la violencia simbólica no sean las que tengan más peso en los problemas cotidianos.    
La gravedad y urgencia que poseen las situaciones de violencia provenientes del contexto extra-escolar operan como principal fuente de preocupación y conflicto, llevando a que se desestimen otros ejercicios de la violencia. El peso de los procesos de fragmentación, crisis y vulnerabilidad social, en las perspectivas de los agentes operan en la invisibilización de los procesos ligados a la violencia simbólica e institucional. 
No obstante, desde la perspectiva con la que aquí se investiga, se considera relevante la posibilidad de que la temática sea problematizada, y abrir estos temas de discusión en la agenda educativa. Pues abordar la violencia como elemento constitutivo del orden escolar permite reconsiderar su rol en la conservación de un sistema de desigualdad social estructurado y reproducido en las prácticas escolares, intrínseco al proyecto escolar. Pues la violencia institucional no se limita a determinadas prácticas desplegadas por docentes y otros agentes escolares-individuales, sino que se entrama en la constitución y funcionamiento del propio dispositivo pedagógico, cuya reproducción en las prácticas de los agentes escolares no es más que el resultado de su imposición y naturalización. Estas formas afectan no sólo a estudiantes, sino que generan una serie de sufrimientos para docentes, directivos y otros agentes que, en el ejercicio de la autoridad pedagógica deben imponer –o resistirse a– la selección arbitraria de la cultura contenida en el curriculum y en el orden disciplinario, que oculta relaciones de fuerza subyacentes a su selección, asegurando la reproducción cultural y social. 
Al respecto, Bourdieu plantea que las instituciones escolares someten a los sujetos a una competencia feroz: (...) el orden social que garantiza el modo de reproducción escolar somete hoy en día, incluso a aquellos que más se benefician con él, a un grado de tensión absolutamente comparable al que la sociedad de la corte, tal como la describe Elías, imponía incluso a aquellos que tenían el extraordinario privilegio de pertenecer a ella. (Bourdieu 1997:42). Ello suele reflejarse en la dificultad de los docentes de “hacer valer” un orden disciplinario que no siempre reconocen como propio, en los imperativos y esfuerzos de los directivos en ser comprendidos y ayudados, y en el anhelo que expresan de que sus colegas reconozcan la importancia de las tareas institucionales colectivas. Por eso, la problematización del dispositivo escolar es una apuesta a la construcción de nuevas formas de escolaridad, que se propongan tensionar las violencias naturalizadas y construir nuevos formatos que habiliten el despliegue y fortalecimiento de las vivencias estudiantiles. Y dicha problematización puede ser mucho más potente si proviene de la reflexión crítica de la propia comunidad educativa. 
* Licenciada en Psicología, docente e investigadora de la UBA.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Aprender 2017

Desempeño de los alumnos en Aprender 2017 según nivel socioeconómico. Fuente: Ministerio de Educación.
Desempeño de los alumnos en Aprender 2017 según condición migratoria. Fuente: Ministerio de Educación.


Resultados de la evaluación Aprender 2017 por tipo de establecimiento y NSE. Fuente: Ministerio de Educación

Desempeño de los alumnos en Aprender 2017 según maternidad. Fuente: Ministerio de Educación.

Desempeño de los alumnos en Aprender 2017 según paternidad. Fuente: Ministerio de Educación.
Desempeño de los alumnos en Aprender 2017 según tareas dentro del hogar. Fuente: Ministerio de Educación.
Desempeño de los alumnos en Aprender 2017 según participación en el trabajo familiar. Fuente: Ministerio de Educación.
Desempeño de los alumnos en Aprender 2017 según trabajo fuera del hogar. Fuente: Ministerio de Educación.


Desempeño de los alumnos en Aprender 2017 según contexto social. Fuente: Ministerio de Educación.

Aprender 2017: cómo fue el rendimiento de los sectores más vulnerables


Luciana Vázquez 

Por primera vez en la historia de las evaluaciones de calidad educativa, los chicos indígenas, los alumnos de familias migrantes, las alumnas madres, los alumnos padres y los alumnos que trabajan fueron objeto de un estudio especial dentro de la evaluación Aprender 2017.
"Estuvimos trabajando para conocer la situación de sectores vulnerables como las poblaciones indígenas, adolescentes embarazadas, adolescentes mamás, papás, adolescentes que trabajan y estudian. Esto no sólo no es estigmatizar sino que lo que estigmatiza en este caso es la falta de información para poder actuar en consecuencia", afirmó el ministro de Educación nacional Alejandro Finocchiaro.
Se trata de "poblaciones que hasta ahora estaban invisibilizadas", en palabras de la secretaria de Evaluación Elena Duro, responsable de las pruebas Aprender, que dijo que están dispuestos a recoger y mostrar estos datos "más allá de que muchos de esos resultados puedan doler e interpelar".
Por primera vez una evaluación cruza datos de resultados educativos con la condición de trabajador remunerado o no de los alumnos, si hace trabajo en el hogar o tareas de cuidado o fuera del hogar.
El 21% de los chicos de sectores bajos llega a quinto año en situación de trabajo remunerado fuera del hogar según muestra Aprender. "Evidentemente esta realidad impacta en la escuela, interpela la escuela y al formato escolar: qué está haciendo la escuela en un país donde los chicos están habilitados a trabajar a una edad en donde también es obligatoria la escuela secundaria", planteó Duro.
El informe de resultados muestra que el 6% de los alumnos se autodefine como perteneciente a un hogar indígena. Las diferencias en términos de resultado de aprendizaje son grandes según el informe comparado con los alumnos no indígenas, sobre todo en el nivel secundario. "A veces se cuadruplica la brecha de inequidad según el año y el área", describe Duro.
El 74,2% alumnos indígenas en quinto año de secundaria está en niveles bajos de matemáticas comparado con el 65,1% en la población general. En lengua, el 46,5% de los chicos de secundaria que trabajan fuera de su hogar tiene niveles bajos. Entre los que no trabajan, sólo el 34,7% está en niveles bajos.
La diferencia en los rendimientos entre los que tienen hijos y los que no también es muy marcada. En este punto, Duro hizo una aclaración. El 60,3% de las alumnas madres o embarazadas en el último año de secundario tiene niveles bajos en lengua. En cambio, entre las alumnas que no son madres o no están embarazadas ese porcentaje es del 34,28%.
"Estamos hablando de los sobrevivientes del sistema porque mayoritariamente, tanto en el caso de los chicos indígenas como los embarazadas, son las personas que abandonan mas tempranamente la escuela secundaria", explicó la experta.
En relación a los alumnos de familias migrantes, muestran rendimientos no tan dispares respecto de la población en general. "Hay estudios preliminares en provincia de Buenos Aires y CABA donde ya se veía cierta paridad en los rendimiento. Eso habla por un lado de una escuela bastante inclusiva y del sentido de responsabilidad de esas familias en relación al compromiso escolar, señaló la especialista.
Aprender 2017 también sigue aportando datos sobre las Escuelas Faro, las 3.700 escuelas públicas que tienen resultados por debajo del nivel básico. "Con las Escuelas Faro, el año pasado, con los resultados de Aprender 2016, identificamos a las 3000 escuelas en todo el país que entendimos más necesitaban de la participación del estado. Se ha trabajado con los equipos directivos y docentes. Vamos a continuar con la formación docente, foco en comprensión lectora y muy fuertemente el área de matemática", explicó el ministro Finocchiaro.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Calificaciones finales + Bibliografía para final


Calificación Final
Bibliografía para el Final
Paula Alfaro
8 (ocho)
Aprueba cursada.
En el final desarrolla la teoría fundamentada correspondiente al TP #4
Preparar y desarrollar el siguiente texto bibliográfico:
Fernández Núñez, L. (2006): “¿Cómo analizar datos cualitativos?. En Butlletí LaRecerca, Universitat de Barcelona, Ficha 7
Bibliografía disponible en el blog
Nain González
9 (nueve)
Promociona el espacio
---
Eugenia Nicosia
9 (nueve)
Promociona el espacio
---
Liliana Staldeker
Recursa
---
Viviana Pollet
Recursa
---
Ailén Villalba
9 nueve
Promociona el espacio
---
Mónica Rosenstein
8 (ocho)
Aprueba cursada.
En el final desarrolla la teoría fundamentada correspondiente al TP #4
Preparar y desarrollar el siguiente texto bibliográfico:
Fernández Núñez, L. (2006): “¿Cómo analizar datos cualitativos?. En Butlletí LaRecerca, Universitat de Barcelona, Ficha 7
Bibliografía disponible en el blog
Rocío Galazi
5 (cinco)
Aprueba cursada.
En el final desarrolla contenidos sobre muestreo, variables y operacionalización de acuerdo al TP #2 y la teoría fundamentada del TP #5
Preparar y desarrollar los siguientes textos bibliográficos:
Cea D’ Ancona, M. A. (2014): “Tipologías de Diseños de Investigación”. En Metodología Cuantitativa: Estrategias y Técnicas de Investigación Social. Madrid: Ed. Síntesis, cap. 4
Fernández Núñez, L. (2006): “¿Cómo analizar datos cualitativos?. En Butlletí LaRecerca, Universitat de Barcelona, Ficha 7
Bibliografía disponible en el blog

viernes, 17 de noviembre de 2017

Calificaciones finales


TP #1
TP #2
TP #3
TP #4
Abordaje de cuadros bivariados y multivariados
TP #5
Inducción Analítica
Calificación Final
Paula Alfaro
10 diez
10 diez
7 siete
La unidad de análisis son los egresados de secundaria técnica… entre dos períodos de tiempo.
Lo demás está muy bien
Calificación 9 (nueve)
El corpus textual eran tres documentos. Se analizan dos.
Las codificaciones deben ser conceptos y/o variables relacionadas con el problema elegido.
Las codificaciones desarrolladas son características de una misma variables que son los “ni-ni”
Los textos no están marcados
Falta la construcción de un modelo teórico.

4 (cuatro)
8 (ocho)
Aprueba cursada.
En el final desarrolla la teoría fundamentada correspondiente al TP #4
Nain González
10 diez
10 diez
7 siete
Excelente trabajo
Calificación: 10 diez
Tarea sobresaliente!
Calificación: 10 (diez)
9 (nueve)
Promociona el espacio
Eugenia Nicosia
10 diez
10 diez
8 ocho
El trabajo está muy bien
La variable de control es una variable interviniente en la relación hipotética independiente-dependiente el investigador/a considera o no para confirmar o refutar la hipótesis

Calificación: 9 (nueve)
El trabajo muy bien
Calificación: 9 (nueve)
9 (nueve)
Promociona el espacio
Liliana Staldeker
N/E
N/E
N/E
No entregó
No entregó
Recursa
Viviana Pollet
N/E
5 cinco
N/E
No entregó
No entregó
Recursa
Ailén Villalba
10 diez
7 siete
9 nueve
La variable de control, además, es una variable que está oculta en la realción hipotética propuesta y que el/la investigadro/a la vigila o considera para medir comó influye en la relación de la hipótesis
Falta el análisis de cómo influye la variable de control sexo y cantidad de habitantes en la terminalidad
Lo demás está bien

Calificación: 9 nueve
Excelente trabajo!
Calificación: 10 diez
9 nueve
Promociona el espacio
Mónica Rosenstein
10 diez
7 siete
8 ocho
Terminalidad es la variable
La unidad de análisis revisar
Falta si la unidad de análisis es individual o colectiva
Sobre las variables está bien
Reelaboración del cuadro: lo que interesa de la hipótesis es la terminalidad, es decir cuántas materias le quedaron colgadas al egresar y no pudo recibirse con la variable condición de actividad económica. Rehacer cuadro.
Variables de control bien definidas
La variable de control es una variable que está oculta en la relación de la hipótesis y que el/la investigadora considera para ver su influencia en dicha relación.
Revisá la influencia de la variables de control. Hay que comparar los números de estudiantes de los cuadros.
Fijate que el la conclusión de la parte 2 te desdecís… entonces las variables de control influyen o no?
La situación socioeconómica bien analizada

Calificación: 7 siete

8 (ocho)
Aprueba cursada.
En el final desarrolla la teoría fundamentada correspondiente al TP #4
Rocío Galazi
10 diez
5 cinco
7 siete
1.a.)La terminalidad es una variable y no va incluida en la unidad de análisis
1.a)Sin la terminalidad la UA está bien
1.a)La unidad de análisis es dónde voy a buscar el dato en la realidad de mi universo: ¿dónde buscan el dato descrito en la introducción?
1.a) Revisá el concepto de UA colectivo, teniendo en cuenta la técnica de recolección de datos que usan.
1.b) falta una variable citar y calificar
1.c) no está el cuadro reelaborado y falta corroborar o refutar la hipótesis original
2.a) Variables de control correcto
2.b)Las variable de control no influyen por ser de mayor o menor envergadura sino en la influencia que tienen en la relación variable dependiente e independiente de la relación original
2. b) ¿Cómo influye el sexo en la hipótesis original? Falta fundamentar con datos del cuadro
3.a) El análisis de la situación socioeconómica está bien
Buen propuesta de otra variable de control

Calificación: 4 (cuatro)
No entregó
5 (cinco)
Aprueba cursada.
En el final desarrolla contenidos sobre muestreo, variables y operacionalización de acuerdo al TP #2 y la teoría fundamentada del TP #5

lunes, 11 de septiembre de 2017

¿Qué hacemos con el miedo?

Alberto Tena 

05/09/2017

El temor, la inseguridad, la percepción del riesgo son características de las sociedades humanas que no podemos simplemente relegar al núcleo de construcción del fascismo, e incluso rechazar como emociones oscuras.
Que entre los sentimientos más importantes que gobiernan nuestras vidas esté el miedo parece algo que podríamos asegurar sin el apoyo de muchos datos ni contrastados análisis. En la actualidad, se han acuñado conceptos como posverdad para intentar hablar de los populismos, y tratar así de identificar la supuesta irracionalidad de estos sentimientos en política. Pero la verdad es que estos siempre han estado presentes, y entre ellos el miedo y la búsqueda de seguridades, que, como estamos viendo ahora mismo en la campaña electoral francesa, sigue estando en el centro de los problemas europeos.
Para el psicoanálisis, el miedo se produce cuando la angustia, la pulsión del cuerpo sin objeto, encuentra un objeto al que agarrarse. Cuando las personas relacionan directamente la angustia que sienten con algo específico y permanente, la angustia se constituye en una fobia. La fobia aparece para atar ese conflicto entre la pulsión y su representación, su identificación con un objeto concreto que se ata a tu identidad. Cuando vemos que la mayor parte de los derechos y seguridades que tenemos a nuestro alrededor se desmoronan, el miedo puede manifestarse en fobia;  como la xenofobia, miedo al extranjero, con la que se está dando una respuesta en todo Occidente en estos momentos. Esta angustia en torno a la que se constituye el miedo es de esas emociones que se vuelven muy pegajosas a nuevas representaciones y que mucho tienen que ver en general con la gente que tiene poca seguridad material a la hora de afrontar al futuro. Por eso, en general, la búsqueda de seguridad y protección ha estado tradicionalmente muy vinculada a las demandas del movimiento obrero y de los colectivos con menos poder social. 
Cuando hablamos de seguridad, a secas, pensamos en un posible Ministerio de Seguridad y Defensa, que nos proteja frente a otros externos, y, en los últimos tiempos, se nos vienen a la cabeza con gran preocupación Marine Le Pen y Donald Trump. Desde el primer día que escuchamos hablar de ellos, la seguridad y protección de sus nacionales frente a los extranjeros mexicanos o islámicos, o contra la globalización y la Unión Europea y sus oligarquías, ha sido la bandera que ha ondeado en cada uno de sus discursos. La seguridad como bandera para construir comunidades políticas cerradas, con menos derechos y menos democráticas. Pero el miedo, la inseguridad, la percepción del riesgo son características de las sociedades humanas que no podemos simplemente relegar al núcleo de construcción del fascismo, e incluso rechazar como emociones oscuras. Ya se sabe, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento, el sufrimiento al lado oscuro. En algún momento de esa cadena es fundamental hacernos cargo de estos sentimientos colectivos. Estas emociones han sido en realidad uno de los ejes fundamentales en torno a los que se han construido muchas de las instituciones más útiles y avanzadas para el movimiento obrero y para las personas con menos poder en nuestras sociedades.
“Seguridad Social” probablemente pueda significar cosas distintas para personas distintas, pero en general tenemos la idea de que trata sobre del deseo colectivo de tener una mayor protección frente a los múltiples problemas de la vida (por lo general en el mercado de trabajo), frente a la enfermedad, a las privaciones materiales y a la incertidumbre; e igual nos acordamos del Fondo de Reserva que vemos en los gráficos cada día en el telediario en bajada continua; y alguna gente, en los colectivos, plataformas y centros sociales, que les han permitido construir pequeños espacios de tejido comunitario; o las familias como último resorte de protección al que acudir cuando algo va mal.  El 17 de noviembre de 1881, en el célebre discurso de Bismarck en el Reichstag, en el que se dijo eso de “es necesario un poco de socialismo para evitar tener socialistas”, en realidad, también se reconoció por primera vez colectivamente la misión de responsabilizarse del cuidado de todos los miembros de la sociedad sin que fuera la caridad la que tuviera que ocuparse de ello. En los siguientes años se fueron adoptando una serie de leyes sobre seguros contra los accidentes de trabajo, la invalidez y la vejez, y un sistema legislativo del que todavía hoy el sistema alemán conserva muchas de las características. Si tuviéramos que encontrar una única frase para definir el espíritu de lo que han sido los Estados de Bienestar de la posguerra, nos quedaríamos con la definición de Lord Beveridge según la cual todos los países democráticos avanzados deberían aspirar a poder garantizar a todos los ciudadanos la “seguridad de la cuna a la tumba”.  
Actualmente nos enfrentamos a nuevos riesgos sociales: la globalización, el desempleo tecnológico, el fenómeno de los trabajadores pobres, los cambios en los roles familiares debido a la incorporación masiva, si bien incompleta y precarizada, de las mujeres al mercado de trabajo, el envejecimiento de la población y la inmensa cantidad de trabajo de cuidados socialmente necesarios que esto conlleva, el desempleo juvenil, o, en el caso español en especial, la extensísima pobreza infantil. Los sistemas de “seguridad social” bismarckianos nunca se imaginaron que podía suceder algo como la aparición de los trabajadores pobres. El pleno empleo y una familia (unas mujeres) constituían las bases para el bienestar. Pero ese sistema de Bienestar no está pensado para los problemas a los que tienen que hacer frente la mayoría de la población porque está construido bajo supuestos sociales que ya no se corresponden con la realidad: el pleno empleo como normalidad a partir de la cual se consolidan derechos; y la familia, fundamentalmente un grupo de mujeres, como institución que se iba a encargar de las tareas que permiten sostener una vida que pueda ser después empleada por alguien en el mercado de trabajo, para producir valor, ganar dinero, estatus social y de ahí una serie de derechos y condición de ciudadanía.
Una de las propuestas de mayor calado en cuanto a cambio de perspectiva en relación a las políticas que tienen que llevar cabo los Estados de Bienestar para afrontar estos nuevos riesgos es la de la Renta Básica. Y aunque tradicionalmente sus defensores hayan apuesto el acento en su capacidad de generar mayor libertad (real) para las personas, la seguridad, es también uno de los elementos clave. De los diferentes proyectos piloto que se han puesto en práctica en todo el mundo, uno de los más famosos es el que se hizo entre 1974 y 1979 en Dauphin, Canadá. El experimento consistió en proporcionar una renta de forma incondicional a toda la población con un cálculo inversamente proporcional a los ingresos que cada persona percibía por su empleo. La mayor estudiosa de lo que ahí sucedió es la economista Evelyn L. Forget, que realizó un trabajo especialmente profundo en lo que tiene que ver con el análisis de variables vinculadas a la salud, hospitalizaciones, salud mental etc. Todos esos indicadores mostraron mejoras considerables, pero no exclusivamente entre los individuos que recibían finalmente esa renta. Cuando Evelyn Forget trató de explicar por qué sucedía esto también entre las personas que no estaban recibiendo esos ingresos -- su salario superaba el umbral establecido en ese momento-- dijo que la clave era que esta renta que se garantizaba a las personas era percibida por los ciudadanos como una especie de póliza de seguros contra la pobreza en el futuro, y era esto lo que activaba toda una serie de mecanismos virtuosos vinculados a la salud en toda la zona de Dauphin. Las políticas de protección social deben ocuparse tanto de quienes ahora mismo están en situaciones de privación total y son los más vulnerables, que se entiende normalmente como los sujetos de las políticas de protección social, como de quienes en este momento están mejor, pero tienen la necesidad de sentirse seguros ante la posibilidad de circunstancias adversas en algún momento de su ciclo vital. 
La seguridad ha sido una de las ideas fundamentales que ha sido capaz de organizar el orden político surgido de entreguerras que ahora está en crisis. La existencia de una subjetividad organizada, capaz de imaginar horizontes vitales sin demasiados sobresaltos, ha sido una de las claves que ha permitido mantener y proyectarse a la mayoría hacia posibilidades de progreso personal y colectivo.  Este imaginario de seguridad se ha perdido para una gran parte de la población, y es probable que sea tarea nuestra reconstruirlo, hacernos cargo de estos sentimientos colectivos para tratar de darnos una respuesta. Socializar las tareas de cuidados como un derecho, una renta básica que nos asegure la existencia material a todo el que viva en el territorio, abrir todas las posibilidades de generar vínculos colectivos que nos ayuden a construir ese sentimiento de comunidad son tareas que no tienen que ver exclusivamente con la justicia social, ni solo con el progreso económico, sino que probablemente  traten sobre una de las pocas garantías de construir un orden nuevo, capaz de sostener la vida de las personas en uno de los momentos de mayor incertidumbre global.  En 2011 el colectivo Juventud Sin Futuro declaraba que la única forma de afrontar ese futuro incierto, sin casa, sin curro y sin pensión, era quitarse el miedo. Entonces sonó a una afirmación, pero probablemente es una necesidad, apartar el miedo sigue siendo una tarea política fundamental. 
 
es politólogo, especialista en políticas públicas y sociales
Fuente:
http://ctxt.es/es/20170524/Firmas/12868/CTXT-seguridad-miedo-Trump-Le-Pen-Tena.htm#.WSaU0CP_KCS.twitter